hero-image

La caída de Pedro Castillo: los caminos que llevaron al exmandatario a intentar dar golpe de Estado

El expresidente Pedro Castillo intentó emular al autócrata Alberto Fujimori, pero no contó con apoyo. Su última movida, que culminó con su detención policial y destitución, generó una nueva crisis política. Aunque esta inestabilidad proviene desde hace años.

Por: María Morales Isla / Unidad LR Data
Publicado el 7 de diciembre de 2022

 

Asediado por sus presuntos hechos de corrupción, Pedro Castillo decidió en horas de la mañana de este miércoles 7 emular una dictadura sin respaldo de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas. Su gesto se desvaneció horas después tras ser vacado por el Congreso de la República con 102 votos a favor. Totalmente solo, el maestro rural fue detenido y dejó de ser presidente del Perú. 

La decisión de “cerrar temporalmente” el Congreso y decretar un estado de excepción generó incertidumbre y desazón entre las instituciones públicas y la ciudadanía. Su actitud respondía a rehuir a las acusaciones en su contra en un intento último por permanecer en el poder, según los especialistas. 

Los politólogos consultados sostienen que la crisis política, en un sentido amplio, proviene desde el 2016. Sin embargo, Paula Távara enfatiza que los casos de corrupción y las irregularidades de la gestión de Pedro Castillo agravaron el panorama. 

Camino a la ingobernabilidad

El politólogo Anthony Medina afirma que el exmandatario emitió un discurso similar al del autócrata Alberto Fujimori con el autogolpe de 1992, hace 30 años. Sin embargo, a diferencia de él, el maestro rural estaba tembloroso, sin apoyo y mal asesorado.    

“Mi impresión es que lo mal asesoraron, le mintieron y le dijeron que sí lo respaldarían, pero luego renunciaron (sus ministros) al conocer la opinión pública. Las Fuerzas Armadas también desistieron. Cuando hay una ruptura clara, ellas son las primeras en pronunciarse, pero han esperado medir la temperatura en los poderes del Estado”, sostiene. 

Tras su movimiento en solitario, el exmandatario inició una nueva crisis política que devino en la asunción de la sexta presidenta en los últimos seis años. Medina advierte que el Perú vive estancado en 2016, cuando Keiko Fujimori decidió no reconocer el triunfo electoral de Pedro Pablo Kuczynski y originó una tensión entre Legislativo y Ejecutivo. 

“Este es el camino directo a la ingobernabilidad, cuando se tiene un presidente en minoría. A pesar de ser un sistema presidencialista, tenemos un parlamentamentarismo de facto que se genera cuando el Presidente está en minoría. En ese sentido, la única prioridad del presidente se reduce a evitar la vacancia, y la única prioridad del Congreso es chantajearlo para sacarle concesiones a cambio de no vacarlo. Esto no es un tema ideológico, y seguirá ocurriendo bajo las mismas reglas de juego institucional”, asegura. 

La politóloga Paula Távara coincide que, si bien la crisis se genera por los problemas entre los poderes del Estado, la corrupción de los últimos Gobiernos toma un papel relevante. Es ese panorama el que contribuyó a que surgiera una figura vulnerable como Pedro Castillo. 

Así, la confrontación entre ambos poderes marcó el derrotero de los últimos seis años. Como LR Data advirtió en un informe anterior, el Congreso presentó 13 mociones contra el Ejecutivo en los últimos cuatro años. Sin embargo, el número se incrementó desde la asunción de Castillo: una cada 52 días. 

Con respecto a la vacancia, el Parlamento promovió la medida en seis ocasiones: una fue contra Pedro Pablo Kuczyinski (2018), dos contra Martín Vizcarra (2019 y 2020) y tres contra Pedro Castillo (2021 y 2022). 

Lo cierto es que, desde el inicio de la gestión del maestro rural, la oposición se negó a reconocer a su elección y creó una comisión parlamentaria que investigó el supuesto fraude electoral. La conclusión fue que no hubo ninguno. A ello se sumó la negativa a algunas propuestas del Ejecutivo.   

No obstante, las irregularidades y la falta de transparencia del ex jefe de Estado determinaron la constante incertidumbre en cada una de sus carteras ministeriales, así como en las medidas y promesas a la población. En poco más de un año de mandato, Castillo gestionó más de 70 cambios de ministros y sumó varias carpetas fiscales por presunta corrupción. Su entorno familiar estaba enmarañado por supuestos actos ilícitos. 

Las revelaciones del martes 6 y miércoles 7 de diciembre sobre la ruta del dinero en las licitaciones del Ministerio de Vivienda, como el soborno a una empresaria y el supuesto pedido de asilo político para sus sobrinos, confirmaron su última jugada. A pesar de que no se contaban con los 87 votos para la vacancia porque Perú Libre se opuso, Castillo decidió dar el golpe de Estado. 

“Hubo poca honestidad en la gestión. No hubiéramos tenido un tercer intento de vacancia si no se encontraba en esta situación de corrupción. Podemos hablar de las dificultades políticas y tampoco negar sus presuntos vínculos de actos ilícitos”, añade Távara. 

Su cuestionada estrategia sirvió para que los oficialistas se sumaran a la vacancia y se concretara su salida. Sin fajín presidencial, la situación del maestro se agravó tras ser detenido por rebelión y fuera conducido a la prefectura de la Región Policial Lima, donde permaneció junto con su expresidente del Consejo de Ministros Aníbal Torres en calidad de abogado. 

El destino de Dina Boluarte

El panorama fue propicio para la asunción de Dina Boluarte, quien se había desentendido de Castillo días atrás tras la designación de Betssy Chávez en la Presidencia del Consejo de Ministros. Con una nueva mandataria, el país suma su sexto cambio presidencial en seis años. 

Con esta volatilidad en el Ejecutivo, Medina asegura que el país se parece al Ecuador de finales de los años 90. En ese periodo, retiraron del cargo al jefe de Estado Albadalá Bucaram e iniciaron una serie de cambios presidenciales de días o apenas semanas. Las modificaciones finalizaron con la llegada de Correa, quien originó un consenso. 

“Hasta que no venga una persona que ponga orden a nivel político y constitucional, esto que pasó con Castillo pasará con el que venga. No importa el signo ideológico. No es un tema de que sea de izquierda o derecha. Si el presidente es minoría frente al Congreso, el chantaje por la vacancia será seguro”, lamenta. 

Del mismo modo, Távara hace hincapié en la necesidad de generar un diálogo entre Ejecutivo y Legislativo, incluso cuando un mandatario tiene minoría. 

“La idea es que los actores garanticen el debate político en torno a las políticas públicas, a las decisiones de Gobiernos y legislativas. Uno puede tener un Gobierno en minoría siempre y cuando el resto de fuerzas sea capaz de legitimarlo”, expresa. 

Con esa perspectiva, Boluarte, quien indicó que su gestión durará hasta 2026, tendrá la responsabilidad de originar consenso. Pero los especialistas advierten que la luna de miel puede durar días o meses.  

“El intento de vacancia seguirá hasta que la cuerda se rompa. A mí me preocupa qué tan gobernable puede ser un país en esas condiciones. Los mejores querrán irse y puede generar una apatía. Hoy el país es peor que ayer”, finaliza.